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Teatro

Paco Bezerra: “El corazón del espectador”

El 15 de octubre del 2009, el dramaturgo almeriense, Paco Bezerra, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Dramática. Inmediatamente los medios se hicieron eco del galardón, y solo del galardón. Entonces podía presumir de haber recibido 5 premios, escrito 7 obras… y no haber podido representar ninguna. “La escuela de la desobediencia”, escrita por él, dirigida por Luis Luque, con Cristina Marcos y María Adánez, se representará en el Teatro Flumen de Valencia del 17 al 27 de Mayo. Estos días anda de gira por tierras de Castilla y León (el 25 en Peñaranda Bracamonte, el 26 en Medina de Campo, el 27 en Laguna de Duero y el 28 en Toro). Hay que seguirle la pista.

Con motivo del Premio Nacional de Literatura Dramática a tu obra “Dentro de la Tierra”, y con el eco de la noticia, aparece en varios medios declaraciones en las que te quejas de que con siete obras y cinco premios hasta ahora no has podido llevar a los escenarios ninguna de tus obras…

Yo me dedico al teatro desde los quince años aunque, con treinta y uno se crean que acabo de empezar. Cuando lo he hecho pidiendo subvención, que lo hice con “Dentro de la Tierra”, el problema es que salen tarde, si coges el dinero tienes que estrenar en dos meses, se lo dices a la productora y te dicen que en ese tiempo no se puede hacer. De entrada había un problema de no tener el dinero antes.

Pedí aplazar, pero me dijeron que si luego venía el interventor y decía que estaba fuera de plazo tenía que devolver el dinero. Yo les pregunte: ¿y si me lo he gastado?, pues tienes que devolverlo de tu patrimonio o de tus padres. Luego vas al Centro Dramático Nacional… pero yo todavía no he recibido noticias.

Hablando de tu obra, ¿a qué te refieres cuando hablas de un teatro pegado a la realidad frente al teatro de evasión?

Uno no suele tener conciencia de escribir una cosa u otra. Son opiniones que luego lees sobre tu trabajo. Pero supongo que escribo sobre cosas reconocibles para la gran mayoría de la gente, sobre las que ya tienen una opinión muy concreta, como los invernaderos de El Ejido: se habla de la inmigración, la agricultura, la importación de fruta a Europa… hasta de los pesticidas.

Ahora escribo una obra sobre el cyber-acoso. Yo intento coger cosas que no estén dichas en el teatro, o temas que no sean del pasado. Me gusta escribir de cosas que están pasando y que seguramente seguirán pasando porque son problemas que acaban de aparecer. Al final todos hablamos de lo mismo, pero tú puedes coger tus coordenadas en un momento lejano o en el presente.

Pero ¿a qué te refieres con el teatro de evasión?

A que hay un teatro del espectáculo que bajo mi punto de vista no es teatro, no es un texto dramático. Yo escribo para la literatura más allá de que luego se represente o no. Me gusta el teatro que lanza preguntas al público, que no da respuestas pero que incomoda. Me gusta ir al teatro y cuestionarme mi modo de vida, mi forma de pensar y salir transformado. Ir a una función amable en la que todo es muy tranquilo… eso es teatro de evasión.

Te lo pregunto porque también se puede utilizar la realidad para “entretener” y no para cuestionar, o transformar… ¿no?

Claro. Se tarta de coger referentes modernos para que la gente se sienta más identificada, porque al fin y al cabo estás hablando de las mismas cosas. Que la gente vea que eso le puede pasar a él, esa inmediatez, no el teatro que habla de otra gente que no tienen nada que ver contigo.

Intento escribir para conseguir que el protagonista sea el público y sufra realmente por lo que sufre el protagonista, y entiendan lo que él piensa. “Dentro de la Tierra” te plantea un dilema moral y se trata de trasladar ese conflicto al corazón del espectador. Busco tratar los temas desde nuestra sociedad y pensando también mucho en la gente joven, renovar los temas de la literatura dramática.

Cuando uno piensa en el teatro piensa en gente culta que va a entender porque ya tiene unos referentes. Pero yo también pienso en un chico de 16 años.

El Ejido, el cyber-acoso…

Y los chinos. No hay ninguna obra de teatro sobre los vecinos chinos que viven en el bajo, con las tiendas de al por mayor. Ya hay una generación que ha nacido aquí, que nunca han ido a China y que son españoles. Pero todavía no hay actores chinos en el teatro. Para eso primero tiene que haber una literatura que lo demande.

Cuando se estrenó “Bajarse al moro” se expresaba un nuevo tipo de vida y sociedad. Entonces era Lavapiés y los yonkis, ahora es otra cosa. Lo de los invernaderos… además es que yo me he criado en Almería. Uno se pasa el tiempo buscando qué contar y es mucho más sencillo que todo eso. Cuando me preguntan sobre qué autores me inspiran, claro que los hay, pero me inspira mucho más mi madre o el chino de la tienda de abajo que una obra de Tenesse Williams.

¿Qué crees que hace que el teatro tenga éxito en un momento en el que se duele tanto el bolsillo?

Imagino que es el fenómeno clásico: una persona delante de otra ya es un público. Es una forma primitiva que se ha ido tecnificando pero que es la primera forma de expresión. Como cuando alguien cuenta algo gracioso en el bar y todo el mundo le presta atención. El hecho teatral está por todas partes, solo hay que saber mirar.

Yo ahora es cuando más he ganado con el teatro, lo que pasa es que cuando nunca has ganado nada con que ganes poco ya te parece que te va fenomenal.

También creo que es un juego de contrarios. Como cada vez estamos más aislados, apetece ir a ver que alguien te hable en persona, algo más químico. El teatro es efímero, no se puede capturar, y eso es lo que valora el público. Ahora todo puede grabarse, no solo la música que se graba y sigue siendo música, sino que la literatura se crea para ser capturada, pero si grabas el teatro deja de ser teatro. Es único porque la película no cambia pero la representación no es lo mismo ayer que hoy… siempre puede caer un foco y matar al actor, te puede dar un infarto, si te levantas y gritas te oye el actor, le puedes insultar… tiene ese componente de tensión.

Después del éxito de la imagen vamos hacia que lo que realmente te queda como artista al final es la representación artística.

¿Crees que las subvenciones condicionan la creación y habría que huir de eso?

La condicionan completamente. Mi experiencia es que las subvenciones son una trampa, te lo complica todo. Lo único que he aprendido del año pasado a este ha sido no pedir subvención. Son las doce pruebas de Asterix para que al final no se pueda hacer. Si eres una productora y te dedicas a eso pues bueno. Pero para mi son una trampa.

Al final es el conflicto como creador: ir a pedir que te ayuden aunque luego tenga que estar bajo su supervisión y sus plazos, o hacerlo todo de forma más salvaje.

¿Podremos ver estrenada tu obra?

No lo se. Estoy como vosotros. Todo el mundo lo tiene muy claro “ay, pues ahora está claro que la podrás representar”, pero yo veo que no. Yo sigo exactamente igual que antes.

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Acerca de joanencunyat

Director de la revista cultural Foros21. Redactor Jefe de Cultura y Director de Comunicación en De Verdad Digital. Jefe de sección en la revista Chispas. Director del Comité de Relaciones de Unificación Comunista de España

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