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Política y Sociedad

Ricardo Moreno: “De la buena y la mala educación”

Ricardo Moreno, recientemente jubilado, era profesor de matemáticas en el instituto Gregorio Marañón de Madrid, y profesor asociado en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid. Realicé la entrevista en Marzo del 2009, cuando publicó su segundo libro “De la buena y la mala educación”. El primero, “Panfleto Antipedagógico”, pasó de ser un documento que circulaba por la web a ser un éxito rotundo en ventas. Siempre es de agradecer, al margen de coincidencias o discrepancias, que te permitan transformar una entrevista en un interesante debate…

De la buena y la mala educación es su segundo libro, ¿es una continuación de Panfleto Antipedagógico?

En gran medida es una continuación del Panfleto, qué duda cabe. Decía Voltaire “me repetiré hasta que me entiendan”, y yo procuro seguir esa máxima. Pero algunos de los temas de los que hablo en el segundo libro son novedosos, como la necesidad de conocer la historia de la ciencia o la de inculcar a los niños el hábito de la lectura.

Desde el tremendo éxito en su edición, en Internet y en el blog de Panfleto Antipedagógico, ¿cuál es la evolución que ha seguido su conocimiento sobre los problemas de nuestro sistema educativo?

Lo primero es que he recibido algunos ataques, aunque la mayoría de tipo personal y casi nunca con argumentos. Y esto me ha enseñado que la adhesión a la reforma es, las más de las veces, algo visceral, como si la LOGSE fuera una cuestión de fe, y no de razón. Me han acusado de reaccionario, fascista y nostálgico. Y estos ataques debín ser respondidos, por supuesto, con argumentaciones, no con insultos. Quienes me descalifican no deben creerse que han dicho la última palabra.

Por otra parte, hay problemas nuevos frente a los que había que posicionarse, como el de la educación para la ciudadanía, tema sobre el cual también ha habido más visceralidad que argumentación.

Unos opinan, desde la “izquierda” que la causa del bajo nivel de nuestros estudiantes está en los cambios sociales y en la poca formación de los padres, y otros, desde la derecha, que está en la presencia de inmigrantes, pero usted ve claramente el problema en la ley…

En efecto, es un problema de la propia ley, y querer atribuir el fracaso de nuestro sistema educativo a cambios sociales (cuando nunca España fue tan libre y próspera como lo es ahora) o a la poca formación de los padres (cuando por primera vez en nuestra historia la generación de los padres está mejor formada que la de los hijos), no es más que un modo bastante burdo de los creadores de la LOGSE para disimular sus errores.

Pero la LOGSE se presenta como progresista, y no solo porque la impulsara el PSOE…

Se presenta como progresista pero en realidad es profundamente reaccionaria. Lo mejor que se puede hace por los pobres es darles una buena educación, y si la educación pública se degrada, los pobres seguirán siendo pobres, y solo saldrán adelante quienes puedan pagarse un colegio de élite. Solo en un sistema educativo que premie el trabajo y el esfuerzo pueden competir pobres y ricos en igualdad de condiciones.

¿No cree que en su desarrollo el sistema educativo ha hecho desaparecer la figura de autoridad y respeto, sea la del maestro o sea incluso dentro de las familias?. Se supone que había que democratizar la autoridad, incluso para enseñar a rebelarse frente a ella, pero no hacerla desaparecer, porque entonces desaparece la figura popular del maestro y solo queda la autoridad del Estado.

En efecto, ese presunto progresismo ha desdibujado la autoridad del profesor, como si carecer de autoridad fuera algo progresista. ¿Sería progresista despojar de autoridad a los agentes de tráfico? Los conductores no serían por eso más libres, al contrario, estarían más a merced de los locos de la carretera. Lo mismo sucede en la escuela, si los maestros están desautorizados, los alumnos no son por ello más libres, sino que están sometidos a la férula de los más gamberros, haciendo cierto el viejo dicho militar: “Cuando los oficiales hacen dejación de sus funciones, los sargentos tiranizan a la tropa”.

¿Cuándo habla de que la educación se han convertido en un aparcamiento para pobres, a qué se refiere?

Si un niño (pongamos a partir de los doce años) se empeña en no estudiar, quedan dos opciones: o se le da la posibilidad de estudiar una formación profesional para que a los dieciséis años salga cualificado al mercado laboral, o bien se dedicará a molestar a sus profesores y compañeros hasta que a los dieciséis años abandone la educación obligatoria sin título de ninguna clase, y solo pueda ser mano de obra barata.

Pero volviendo a la pérdida de autoridad, ¿en realidad no se impone una autoridad, la del ministerio o el Estado, para generar mano de obra barata?. Si no se quiere estudiar a los doce años, habrá que preguntarse qué sistema genera eso, en primer lugar.

Puede ser cierto eso. Es la interminable discusión entre quienes discrepamos de la famosa reforma educativa. ¿Fue hecha de buena fe, o realmente tenía el propósito de crear bolsas de mano de obra barata?

Teniendo en cuenta que España es (decían que lo era) la octava potencia económica del mundo, es de suponer que no se va a dejar el sistema educativo embarcado en un buque que “hace aguas”. No parece que haya inocencia o irresponsabilidad, sino voluntad por persistir en ese camino y tener un tipo de educación para el tipo de país que se quiere.

Esto es una continuación del punto anterior. Si hubo o no buena intención en los inicios puede ser objeto de polémica, pero que ahora ya no hay buena fe, me parece algo fuera de discusión. Los hechos está ahí, y la ceguera de quienes siguen empeñados en negarlos no es inocente. Al Partido Socialista les preocupa más su orgullo como partido que su propio país, y hasta que no pongan su país por encima de su orgullo y reconozcan el monumental dislate, el problema seguirá sin solución.

Usted critica duramente la figura de los pedagogos, ¿por qué?

Porque la pedagogía no es una ciencia, sino una jerga sin sentido, una charlatanería. Ya sabemos que si el lenguaje crea la realidad (y eso lo saben muy bien los políticos), el lenguaje vacío vacía la realidad. Y así han vaciado la educación. Esto está muy bien razonado por Mercedes Ruiz Paz en su libro La Secta Pedagógica.

¿Se refiere a que se busca dar una justificación teórica al sistema educativo, y gente que la difunda? Porque profesionales hay muchos y muy buenos…

Así es, la vaciedad en contenidos se sustituye por “destrezas” (como si se pudiera tener la destreza de escribir bien sin conocer los contenidos de una ciencia llamada gramática), se discute si es más importante formar que dar contenidos (como si pudiera haber forma sin contenidos o contenidos sin forma) o si es más importante la memoria que la inteligencia (cuando el conocimiento es una moneda con dos caras que son, precisamente, la memoria y la inteligencia). Todas estas discusiones bizantinas sirven, en parte para justificar el desastre, en parte para taparlo.

¿No cree que deberían articularse mecanismos para que los profesionales de la educación tuvieran capacidad de decisión sobre los contenidos y la orientación?

Este fue uno de los errores mayores de la reforma, prescindir de los buenos profesionales que había en la enseñanza. Pensemos en escritores como Luis Landero, Jesús Alonso Montero o José Luis Méndez Ferrín (todos ellos profesores de instituto) o críticos literarios como Miguel Gracia Posada (también catedrático de instituto), helenistas como Rodríguez Adrados o Luis Gil, latinistas como García Calvo, filólogos como Gregorio Salvador (todos ellos catedráticos de universidad que antes lo fueron de instituto). Buenos matemáticos en institutos y universidades que mucho podrían aportar los hay por docenas. Pero don Álvaro Marchesi (partícipe de la elaboración de la LOGSE, y Secretario de Estado de Educación durante su aplicación) sin saber nada de escuelas ni institutos, desoyendo las voces más autorizadas y con el atrevimiento propio de los ignorantes, se ha cargado literalmente la enseñanza pública en España.

Volviendo a cuando habla de que es un problema la educación obligatoria hasta los 16, porque obliga a estudiar al que no quiere, ¿a qué se refiere?

Creo que la educación obligatoria hasta los dieciséis es algo bueno, con lo que discrepo es que sea unificada. Mucho se habla de la diversidad y la multiculturalidad, pero en realidad se está unificando por el procedimiento de igualar por abajo. Y esto es, sencillamente, un acto de barbarie contra los más inteligentes y trabajadores que, además, en nada beneficia a los menos inteligentes y trabajadores.

Pero hay un problema también aquí de orientación. ¿Quién condena a alguien a ser menos inteligente y menos trabajador, o a no poder cambiar? Hay que combinar la exigencia con ayudar a que “los peores” puedan incluso pasar a ser mejores que el mejor de la clase. En vez de competencia individualista, unos mejores y otros peores, competencia para el apoyo mutuo, que los mejores ayuden a los peores a superarles a ellos mismos.

El atacar la excelencia como algo clasista y elitista es propio de los mediocres y envidiosos, incapaces ellos de de alcanzar la excelencia ¿Qué mejor que impedir a los demás alcanzarla para disimular la propia incapacidad?

La incapacidad de los legisladores, no de los alumnos, que en definitiva son lo que se les enseña a ser. De hecho nada se entiende sin tener en cuenta que nuestro sistema educativo está diseñado para la “florida europea”. Y lo estamos viendo más con la crisis. Un país con un fuerte tejido productivo y desarrollo científico y teórico necesita miles de ingenieros, arquitectos, teóricos en los diferentes campos científicos, y técnicos cualificados…

La educación es clave para el desarrollo de un país, y más en tiempo de crisis, pero dudo que por mucha crisis que haya nuestras autoridades educativas sean capaces de reconocer su error. Al contrario, las cosas irán a peor y ellas dirán que la culpa es de la crisis. Y si no. al tiempo.

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Acerca de joanencunyat

Director de la revista cultural Foros21. Redactor Jefe de Cultura y Director de Comunicación en De Verdad Digital. Jefe de sección en la revista Chispas. Director del Comité de Relaciones de Unificación Comunista de España

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